martes, 19 de mayo de 2009

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Me gusta estar Al lado del Camino

A mi me gusta estar al lado del camino, viendo en primera fila como mi vida pasa, me alegra ver que pasa de la manera en que quiero que pase, con magic times, yendo siempre hacia arriba, disfrutando de cada bache que encuentre en el camino, con cada persona que me cruce. A veces el camino es complicado, llenos de curvas y piedras, pero lo prefiero así a un camino plano y aburrido, ¿ustedes no?

Me gusta abrir los ojos y estar vivo tener que vérmelas con la resaca, mmm aquí creo que cabemos muchos ¿no? Jajaja a vernos con la resaca!! Pero por haber disfrutado el día anterior por alguna buena nueva, motivos para brindar nunca faltan ;)

Me gusta estar al lado del camino y como dice Fito en otra canción, “lo importante no es llegar, lo importante es el camino”, disfrutemos de la vida, saquémosle provecho a este mundo enreverado y no olviden nunca que “el perdón es lo divino y errar a veces suele ser humano”.



* Aquí les dejo un extracto de una entrevista hecha a Fito por la revista “Veintidos”, disfrútenla:

-Decís "Me gusta estar al lado del camino": ¿Dónde es eso?
-Me gusta no ser el que pienso que soy, y detectarlo.

-¿Quién pensás que sos?
-Un autor de canciones del fin de siglo, lector desordenado, proyecto de intelectual, muy caótico, muy borrachín. Debo ser eso, pero me gusta salirme todo el tiempo de esas pequeñas tradiciones que uno tiene respecto de si mismo.

-Después decís "fumando el humo mientras todo pasa": ¿el humo es necesariamente el tabaco?
-Es el humo, es la actitud. Podés fumar lo que quieras.

-¿Podés fumar lo que quieras?
-A mí... con la marihuana no tuve mucha historia, Fumé toda la primera época, del '80 al '86, por ahí. Pero un día iba totalmente disparatado y me caí adentro de un pozo y me dio tal cagazo que la corté. Ahora fumo un poco de hash cuando voy a España, está bueno. Pero es la actitud, de ver pasar el cadáver de tu enemigo.

-¿Tenés esperanzas de verlo pasar?
-Ninguna. Espero que no pase, porque mi enemigo soy yo.

-Dijo el paradojo. Y enseguida viene un toque de literatura: "Entonces navegar se hace preciso/ en barcos que se estrellan en la nada". ¿Es una especie de recuerdo de los tiempos más movidos?
-No, eso es una idea permanente que tengo, la idea del absurdo. Vamos a navegar, pero hacia ningún lugar, a la deriva: la tengo totalmente incorporada.
Es el absurdo, el disparate de la vida: no nos vamos a poner serios ni le vamos a contar nada a nadie. Vamos a hacer todo lo que hagamos por el placer de hacerlo.

-Para alguien que está a la deriva tenés un montón de cosas bastante organizadas y tendés a tener más: ahora ya tenés un hijo, que es como el colmo de la organización...
-Sí, pero creo que sigo con esa idea de la deriva: ésa es mi constante. Yo no tengo una carrera, ni estoy corriendo contra nadie... Estoy haciendo lo mío, tranquilo, a través de los años...

-¿Tranquilo?
-No, tranquilo no, volviéndome loco, como todo el mundo. Pero no tengo la idea de aferrarme a las cosas... Y eso me hace muy feliz.

-Yo dudo un poco de eso. Siempre quise armarme la vida de forma tal que nunca tuviera que estar obligado a producir todos los meses, pero igual vas cayendo.
-Yo pienso al revés. Creo que el dinero también es un juego. Recuerdo que tuve épocas de andar subiéndome al escenario con la guitarra haciéndome el listo. Pero cuando llegás a fin de año y está todo en rojo, hay algo que no funciona. No podés abstraerte del dinero: es un juego de ingenio y hay que jugarlo. Yo tenía muchos prejuicios con el dinero. Venía como del peronismo, Rosario, el coletazo de los montos: el dinero era algo que manejaban los poderosos... Me parece que es una mirada anacrónica, absurda, tonta. Creo que el dinero forma parte de tu expresión en el mundo también: qué hacés con ese dinero, por qué, cómo. Yo aprendí a tener una relación de franqueza con el dinero, y no hago ninguna diferencia entre lo ingenioso que tenés que ser para llevar una banda de 9 músicos de gira por Latinoamérica...

-¿Vos te metés en esos temas?
-Claro. Me parece muy saludable no tener prejuicios con el dinero.

-¿”Vivir atormentado de sentido/ creo que ésta, sí, es la parte más pesada"?
-Contra la razón. Contra la razón. Las razones que uno se inventa para justificar lo que hace o no: vivir atormentado de razones.

-¿Oué? ¿No pensar razones para justificar lo que uno hace?
-No, pero nunca olvidar el absurdo. Yo eso, lo tengo a rajatabla. Veamos, por ejemplo: el asesinato de mis abuelas fue porque dos tipos habían nacido en una casa a cuatro cuadras de la mía y estos tipos tuvieron una mala infancia y ese fue el motivo por el cual asesinaron... ¡No, no! Todo es mucho más disparatado, más complejo. Yo toco el piano porque en realidad mi mamá y mi papá... ¡No, no!

-En un punto debe ser un alivio entregarse al sinsentido, decirse que uno no tiene que buscar los sentidos de las cosas. Pero también es cierto que no hay mayor alivio que el de creer que las cosas tienen razones, lógicas y todo eso.
-No se pueden explicar las cosas, no hay manera. Por eso admiro a veces la idea de la fe. Yo les tengo mucho respeto a los que creen...

-¿Y envidia? Yo les tengo mucha envidia.
-Envidia, sí, también. Pero lo más importante es eso, saber que hay una cosa muy enreverada, que no tiene explicación: es el subtítulo del disco "Pequeña teoría sobre el fin de la razón”. Y contra lo que leí por ahí, no creo que sea nada presuntuoso: es tan chiquita esa idea.

-¿"En tiempos donde nadie escucha a nadie"?
-Bueno, nunca nadie escucha a nadie. Creo que siempre hablamos de algo, que somos nosotros, ¿no?

-Bueno, acá siguen tiempos: que todos contra todos, que egoístas y mezquinos, que siempre estamos solos. ¿Qué define a este tiempo, ya que estamos con eso?
-Yo cada vez tomo más noción del ridículo y el absurdo. Los lazos que uno establece para no estar solo son importantes y legítimos, todos tenemos lazos, tu mujer, tu hijo, amigo, amiga, lo que sea, pero el espacio de soledad es el único que tenés, el real. Cada vez tengo más percepción de eso. Yo no juego al matrimonio, ni a ser una familia en el sentido convencional del término. Y creo que Cecilia tampoco: los dos tenemos conciencia de que es un mundo muy disparatado y que tenemos la suerte de poder compartirlo y divertirnos con las mismas cosas. Intentar no implantar un orden falso en la relación.

-¿Cómo es eso?
-No ser políticamente correcto en la relación, que hay que hacer esto, lo otro. Creo que Cecilia y yo estamos en un punto muy hondo, sobre todo con la llegada del niño. Esto sigue siendo un disparate, el niño te demuestra que lo es cada vez más...

-¿Eso no es un consuelo, digo, que ustedes hacen todo lo correcto y se consuelan diciendo que sigue siendo un disparate?
-No, al contrario. Yo hago mi vida a la noche, como siempre, ahí en casa, al niño a veces lo cuida ella, a veces yo,.. Ayer fui a dormir a un lugar que no es mi casa. Con la Ceci, nos fuimos.

-¿A un telo?
-No, a un hotel, al Plaza. Para jugar un poco, para foguear la pareja. Cenamos ahí, jugamos mucho a la noche y esta mañana nos levantamos y cada uno a sus cosas. Hay que hacer esas cosas de vez en cuando. La llegada de un niño es muy importante, cambia todo, pero está bueno no perder el rollo de la pareja. Lo que más me importa en estos tiempos, te decía, es eso: tratar de establecer relaciones reales y auténticas con las cosas. Contra el muñeco, contra la apariencia. Contra las palabras.

-¿Contra las palabras?
-Contra las palabras.

-¿Y "habrá que declararse incompetente/ en todas las materias del mercado”? Recién te declaraste muy competente
-Al mercado a comprar papas, viste. Después sí, tenés que pagar los músicos, los fletes, la luz, pero son otros temas. En la materia que tocamos nosotros hay un tipo solo adentro de un cuarto...

-¿Cuando estás componiendo una canción se te cruza pensar en qué quieren escuchar los que te escuchan?
-No, es más onanista todo.

-Bueno, recuerdo tus furibundas reivindicaciones de la paja, que me interesaban particularmente...
-Sí, es más onanista: si me da placer a mí, me la como. Y me tomo mi tiempo.
Por ahí hago el disparate en 15 minutos, y después la dejo añejar, y si al cabo de un par de meses sigue, ahí me la trago.

-¿Entonces es como una feliz coincidencia, que lo que te gusta a vos también atrae a aquello que llamamos mercado? Creo que hay gente a la que le pasa que lo que quieren hacer en la vida tiene mucha repercusión: no que traten de venderse, sino que hacen cosas que otros quieren comprar. Y otros queremos hacer cosas que no tienen a priori esa repercusión. Sería casi una fortuna: que lo que te gusta hacer sintoniza con el gusto de mucha gente...
-Sí, puede ser. Si vos me venís a preguntar por qué EI Amor después del amor vendió 700 mil discos, no sé: lo hice igual que los diez discos anteriores. Yo tenía la sensación de un premio que me daba la gente. Como este pibe está acá, con la viola, hace tantos años, se enamoró, le mataron a la familia... Este va a estar con nosotros toda la vida: vamos a darle un premio. Pero no había motivos racionales. Dos años antes me habían roto un contrato en Emi: usted no funciona, no anda, y este tema, Ciudad de pobres corazones, olvídese...

-"¿Habrá que declararse un inocente/ o habrá que ser abyecto y desalmado?"
-Las dos cosas.

-Ahí dice "o".
-Sí, pero en realidad es "y". Es una canción confesional, ¿no? Decir: yo también soy abyecto.

-¿Cuándo sos abyecto, a ver?
-Eso no te lo voy a contar. Simplemente te digo que lo soy. Somos un montón de personas, nos habitan un montón de personas. Adentro de uno hay mucha gente, hay muchas miradas, y a través del lenguaje uno trata de transarlas, pero es inevitable que tengas muchas contradicciones, Vas a ver cuando desgrabes esta charla.

-Espero. Si no sería terrible.
-Sí, yo soy consciente de eso y no me asusta, no me da miedo. Me preocuparía que no fuera así.

-¿Y "yo ya no pertenezco a ningún ismo”?
-Los ismos fueron como el mal del siglo, ¿no?, la carcasa de las peleas. Yo peleo por este ismo, yo por este otro, y ahí se armó el quilombo. Si bien yo no creo en la tolerancia ni en el sistema democrático de convivencia, me parece un poco anacrónico lo del ismo: el decálogo para ser o vivir de tal manera, o el tipo levantando el dedo para decirle a mucha gente cómo tiene que ser y después llegando a la casa donde tienen la cama tendida y la caga a trompadas a la mujer. Sabemos que somos así. La frase anterior viene a contar ésta: si un tipo se declara abyecto e inocente, no puede decir que pertenece a nada.

-Eso sería el individualismo, que sigue siendo un ismo, ¿no? Después viene "me considero vivo y enterrado'. ¿Por qué enterrado?
-Conciencia de la muerte absoluta permanente.

-¿Cómo es?
-Volvamos a la idea del absurdo: estamos aquí de paso, por un milagro, y esto se termina, joder. Entonces me veo vivo y ya sé que estoy enterrado, sin posibilidad, sin esperanza ninguna. A lo macho: es como salir al toro sin capa, sin nada.

-¿Siempre te pasó o en algún momento entendiste que era así?
-Creo que siempre.

-Para mí es un tema absolutamente íntimo, uno de los más...
-Para mí también, con la diferencia de que yo te lo estoy contando...

-Yo también, te decía, uno de los más fuertes: un momento, a los 33 años o por ahí, un día pelotudo, en un colectivo en Cabildo y Juramento, en que me di cuenta de que yo también me iba a morir. Creo que es el momento que más te marca en la vida, ¿no?
-Sí, yo lo tuve muy chiquito. Mi madre se murió a los 8 meses, así que quizás...
Pero recuerdo un velorio de un tío abuelo, cuando tenía 6 años, y lo habré mezclado con mi madre y tuve como una suerte de melancolía instalada a partir de ahí. Oh, qué es esto, hace una semana estaba el viejo acá tomando mate y ahora...

-¿Y te produce algún efecto esa presencia de la muerte?
-Melancolía. Mucha melancolía.

-¿No aquello de disfrutar el momento porque te vas a morir?
-Sí, pero eso también puede ser un slogan. La vida diaria es más dura, está llena de conflictos. Que también te hacen olvidar de eso.

-Sí, hay temporadas en que conseguís no acordarte, y es algo parecido a la felicidad.
-Es fabuloso. Fabuloso.

-Casi todo consiste en buscar ese olvido, ¿no?
-Sí, el pesimismo es una ceguera y el optimismo también. Entonces hay que nadar entre las dos aguas: charlar, dar debate, casarse, tener hijos, parejas, discos, escribir, todo eso, pero bueno, estamos navegando hacia la nada.

-Acá llegamos a "Yo puse las canciones en tu walkman”.
-Pasó el tiempo, sí. Yo ya no me pongo canciones de nadie en mi walkman.
Por eso sigue "el tiempo a mí me puso en otro lado”.

-Yo insisto con esa idea de poder, de saber que le estás poniendo letras a mucha gente.
-A mí me gusta el poder, sin duda. Yo cuando hago algo quiero manejar todo lo que hago. Si no me instalo en ese lugar no me interesa nada. Cuando implemento una idea o algo, bueno, acá estoy yo y se acabó. No ando con mariconadas, a ver qué te parece o no te parece...

-Supongo que mucha gente debe tener esa idea y pocos la realizan.
-Bueno, eso marca una diferencia fuerte. El tema es no hacerse el boludo con eso, si es así...

-¿Y cómo es el placer de que un pibe venga y diga: gracias a vos me cogí a mi primera mina, por ejemplo?
-¡A mi salud, muchacho, gracias! ¡Un trago a mi salud!

-Pero además del trago, ¿qué te produce? o la hinchada, por ejemplo, que te cante la hinchada, ¿te gusta?
-Sí, claro que me gusta. Estás en la cancha y de golpe te cantan tres canciones, es muy potente... Alegría a mi corazón, a rodar, mariposas... Es un premio, sí. Y no porque piense que las masas tengan ideas más interesantes que las personas en sí... Pero estar en una cancha de fútbol y que de golpe cinco mil monos se ponen a cantar una canción tuya, con otra letra, ¿no? Es fabuloso, es fabuloso.

-¿Y el verso, "el tiempo a mí me puso en otro lado", cómo es?
-Que me puso del lado del que hace las canciones. Quiere decir eso: que el que hace las canciones soy yo.

-A mí me sonó a esa polémica que hubo con aquello de que te fúiste, que algunos te decían que traicionaste, que ya no sos más el muchacho rockero, ahora tenés una casa bonita...
-No, no. Yo tengo una naturaleza nómade. Alguna gente lo tolera y otra no.
Pero no saben cómo vivo, yo ahora tomo tanta cerveza como siempre, y además es una polémica menor, de seis, siete tipos... La vida es mucho más interesante que todo eso.

-¿No te jodió cuando pasó?
-Aquella vez, sí, porque me agarró muy desprotegido: obviamente nadie está preparado para lo que significa la gran popularidad. Es un fenómeno extraordinario en la vida de cualquiera. Me golpeó mucho, me hizo mucho daño. Es esa historia de que el artista maldito es el que mejor crea. A lo mejor ese tipo que lo dice no sabe lo que es pasarla mal. Entonces habla desde un lugar sin experiencia. Y las ideas sin experiencia siempre son como mariconas, ¿no?

-Estaba pensando un título para esta charla: "Confesiones de invierno”.
-Buenísimo.

-¿Te bancás un título de García?
-Claro, ¿cómo no? Yo lo defiendo mucho a Charly, lo quiero mucho y me siento muy honrado de pertenecer a su tradición, la tradición del disparate argentino. Con Charly tenemos una relación muy pasional y muy genial. Cuando nos vemos, pasa, pasa.

-¿Hubieras ido a ver al otro Charly?
-¿A qué otro Charly?

-A Menem.
-No creo, no creo... Yo no soy tan valiente como Charly. Los dos fueron supervalientes. Ningún político de la Argentina invita a Charly a su casa. Reconozco en Menem un gesto valiente, ¿no? No le tiene miedo a nada, de verdad. Y el otro tampoco.

-Y además García descolocó a todos los bienpensantes. Lo peor que les podía hacer.
-A mí me encantó.

-¿Cómo sigue? "Si alguna vez me cruzas por la calle/regálame tu beso y no te aflijas/ si ves que estoy pensando en otra cosa/ no es nada malo, es que pasó una brisa".
-No sé, eso es como rever un poco mi relación con la gente, ¿no? En un momento me sentí muy agobiado por todo el tema de la popularidad, que fue muy hinchapelotas. Ahora puedo disfrutarlo. Y si ves que no te contesto es eso que decíamos antes, la conciencia permanente de la muerte: nos vamos todos al cajón.

-¿Cuánto tiempo podés sobrevivir sin tu dosis de aprobación?
-No te voy a negar que tengo mono de tocar. Pero cuando tenés todas las miradas puestas sobre ti te perdés tantas cosas. A mí me interesa más juntarme con amigos que tocar en un concierto para 50 mil personas, la tensión de todo ese circo.

-Pensaba que esto de la búsqueda de aprobación también tiene que ver con cómo se legitima uno, a quién le das el poder de aprobarte o no. Cuando entrás dentro de la lógica del mercado, tenés esa gran aprobación contemporánea, la cantidad: te compraron 700 mil discos, ¿qué más se puede esperar?...
-No, yo creo que eso no legitima nada.

-...y otros dicen no, yo quiero que los cinco tipos que yo respeto me digan vas bien, muy bueno lo tuyo. ¿Vos cuál buscás?
-Tensiones del mundo moderno de toda la vida. Yo creo que me muevo en todos esos mares. No sé, el día que vino Gandini a casa con cinco arreglos míos, la verdad que... O cuando estábamos tocando Satie en el Colón y el primer violinista de la Camerata me hizo así, que lo estaba haciendo bien, fue algo. Pero también tiene algo la mirada del pibe acá en la esquina que te hace un guiño, o una bandera de Fuerte Apache en un concierto es algo poderoso.

-Sos como el viejo movimiento peronista, la conciliación de clases.
-Sí, yo soy conciliador, me gusta una gran mesa y que estemos todos ahí, con quilombo pero ahí. Me gusta conciliar. Si bien considero que la guerra es el motor esencial de la existencia, la lucha...

-La violencia es la partera de la historia, decía el viejo Marx.
-Exactamente, y muy bien dicho, pero también pienso que todo bicho que camina va a parar al asador, y eso se sobrepone a todas las demás ideas...

-¿Por qué?
-Porque estamos todos en el mismo barco, nadie sabe nada, y un momento de comunión con alguien es muy importante. A mí me ayuda a vivir.

-¿A qué llamás un momento de comunión?
-Hay ciertos momentos en los conciertos donde hay algo notando sobre todo el espacio, donde acontece una gran ilusión: llamalo religiosidad, energía, como quieras, pero es algo que trasciende a todo el mundo, donde no hay sacerdote y fieles sino todos...

-Si usted lo dice, padre.
-Yo te puedo asegurar que sucede, y son experiencias increíbles.

-¿Por qué decías antes que los 700 mil no legitiman nada?
-Vender no hace que existas ni legitima nada. Conozco millones de artistas maravillosos que por distintos motivos no exponen sus obras, y no necesitan la legitimación de un número de personas...

-¿Y vos?
-Ah. Yo creo que he necesitado. Yo soy un tipo intuitivo, formado de oreja, un lector desprolijo, un músico muy desprolijo, nado en muchas aguas diferentes.
Quizás ahora ya no. Con la llegada de mi hijo cambió algo importante ahí. Pero la legitimación de uno la maneja uno: la pelea es con uno.

-Y ése es tan difícil de convencer..
-Exactamente. Sabés que nunca vas a estar legitimado por ti.

-¿No?
-No. Pero me siento orgulloso de haber montado un lugar como éste, de tener una relación como la que tengo con Cecilia, de tener en mi grupo a seis o siete personas con las que empecé hace 15 años.

-El otro día hablábamos de la Argentina como pasión, de tu pasión argentina. ¿Vos qué producís a partir de eso?
-No sé, yo tengo una conformación mamarrachística, en música, en mis lecturas. Si tengo alguna idea, me parece que la de “Argentina, la ventaja de no pertenecer", de La casa desaparecida, es una buena manera de empezar a contar mi punto de vista sobre este país. Pero esa línea ya está escrita en millones de autores.

-Esa línea es muy Borges, que nosotros podemos ser universales porque no somos de ningún lugar preciso.
-Es una idea narcisista, los argentinos somos muy narcisistas...

-O no. También es hacer de necesidad virtud: como no somos nada muy preciso, aprovechémonos de esa carencia y seamos lo que queramos. ¿Y "nadie nos prometió un jardín de rosas"? Siempre nos prometen jardines de rosas...
-Yo creo que no, te los prometen hasta que te das cuenta que es mentira, hay un momento en que tenés una conciencia de esa mentira y decís no, yo esto no me lo como.

-Esto podría ser un signo de la época: hace 25 años había una intención general de creer en la posibilidad de los jardines de rosas, y ahora está la intención general de no creer.
-Pero también había mandatos, había un ismo al que responder, y se suponía que ese ismo era perfecto. Lo que tiene de bueno este fin de siglo es eso de romper la figura del ismo. Por ahí desde un punto de vista más macro podés pensar que ganó el capitalismo... No lo sé, desconfío mucho. Si siguen generando tanta pobreza no van a tener nadie que les compre lo que hacen...
Lévi-Strauss decía en los Tristes Trópicos que primero iba a caer el muñeco comunista, y después este muñecote: es inevitable, ¿no?

-¿Y qué vendría después?
-I don’t know, eso es lo interesante. También la idea del "nos prometieron” siempre pone el cargo en el otro: a mí me prometieron esto, y ahora qué. Yo prefiero que cada uno instale su poder en su campo: bueno, minga, yo acá me siento y manejo las cosas. Parece que el dinero y la manera diabólica en la que trabaja sobre las personas fuera una imposición; no, es la condición humana.
Dejá de quejarte y echarle la culpa al otro. ¿Y por casa cómo andamos?

-Sí, pero hay una cantidad de estructuras que condicionan todo lo que puedas hacer. Uno no es del todo dueño de sus decisiones, esas decisiones pueden funcionar en la medida en que hay un mundo en el que tienen lugar, y si no, no.
-También la estructura es el cuerpo y la mente de uno.

-Es, pero no sólo.
-Hay que ver cómo uno activa sus mecanismos de ingenio para mirar el mundo en cada época. La idea de estar al lado del camino también está ligada a una mirada de costado, tratar de no ser ingenuo en el peor sentido de la palabra...

-Nabo.
-Sí, no ser nabo. Ha habido tantas muertes, innecesarias, y sigue habiendo. A veces por nabismo, también hay que decirlo. ¿Y la idea de cambiar una época?
Sí, claro, formó parte de la condición humana, también. Lo que sí se sabe es que todas las estructuras asesinan, y los poderes de turno se sientan a negociar qué es lo que hacen con la guita de la época.

-¿Y entonces?
-Y entonces nada: nadie se puede salvar, nadie se puede salvar, dice La casa desaparecida. Entonces no sé, estará el lugar que cada uno pueda o quiera ocupar, y en ese debate se va la vida de todos nosotros.

-Después ya venís Jesucristo: "no vine a divertir a tu familia/ mientras el mundo se cae a pedazos".
-¡No, Jesucristo no, no seas hijo de puta!

-Suena a eso de no he venido a traer la paz sino a poner al hermano contra el hermano... Evangelio puro.
-¡Ahí va! yo siempre me encontré con muchas cosas ligadas al cristianismo en lo que hice. Me impactó mucho La última tentación cuando viene Jesús y se saca el corazón. Debe ser la info que tuve de niño, mi formación católica... Pero ahí lo mío es como una posición: no vine a divertirle, no soy un entertainer.
Esto es experiencia, estamos vibrando todos juntos: esa es mi idea. No vine a ser tu muñequito. Después puedo terminar siéndolo, pero no voy a participar del proceso.

-¿Cómo terminarías siéndolo?
-A lo mejor en Veintiuno me sacan una foto y esa foto va a la pared de una niña. Puedo ser, pero no quiero hacer nada para que sea así.

-¿"Mientras el mundo se cae a pedazos"?
-Sí, el mundo se cae. Siempre. Cada vez más. Está muy brava la cosa, hay mucha gente muy jodida en el mundo. Desde los tibetanos hasta los colombianos, los linyeras de todos los lugares, los desposeídos... Alcanza con salir a dar una vuelta por el barrio. No hay una manera de pensar que eso no suceda: todos los gestos del mundo demuestran que se cae a pedazos. Por eso yo enciendo mi velita.

-¿Y qué hacés con tu velita?
-Y, la prendo. Son doce canciones, ahora. Es mi velita.

-¿Para rezarle a algún santo?
-No, para la oscuridad. Yo prendo una vela y trato de llevarla adelante.

-Al final sos un optimista del carajo.
-Claro, me gusta pensar en la posibilidad de que las cosas van a cambiar. Pero primero quiero ver qué hago yo con mis cambios. Y de hecho en mi estética eso está: ir de un lado para otro, la posibilidad de meterte con el folklore, el tango, el rock, un aire peruano. Eso es otra cosa buena del fin de siglo: la cantidad de información dando vueltas, y cómo todo eso puede ser asimilado, ¿no? Pero bueno, hay que prender una vela, instalarla. Más que ser un cronista despiadado de la tragedia del mundo, prefiero prender una vela.

-Y terminás con eso, porque al final viene "me gusta sentirte a mi lado/ dormirte cada noche en mis brazos". Una especie de final casi feliz, tierno y amable.
-Sí, las relaciones personales, que es lo más importante. Más que grabar discos, que ser un gran artista, que cachetear el espíritu de una época: para mí es así.

-¿Terminamos en lo que los americanos llaman el cocooning, eso de meterse en la casa-nido y aguantar desde ahí? No es lo que hacés en tu vida.
-No, no es lo que hago, pero sí le doy prioridad absoluta a la gente que quiero.
Después sí, claro, me quedo tres o cuatro noches sin dormir y Cecilia viene y me caga a pedos, pero bueno, eso le pasa a todas las familias del mundo.

-¿Para qué sirve un músico pop?
-No sirve para nada: tiene la ventaja de la inutilidad.

-¿Y las entrevistas, para qué sirven?
-Para nada, para nada en serio. Vos sabés que las cosas hondas o graves van por otro lado: necesitan más tiempo, más espacio. Vos sabés perfectamente de lo que estoy hablando.

2 comentarios:

  1. nesecito saber lugar y epoca de "al lado del camino"

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  2. epoca y lugar de la canción al lado del camino..modelo de sociedad y de estado en ese periodo?

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